‘XANTA’ SOUSA SANTOS: “LO QUE HACES CON AMOR NO ES SACRIFICIO”
- plazaraunav
- 8 abr
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Actualizado: 20 abr
Acogida en el deporte rural, Xanta fue una de las primeras mujeres en abrirse camino en este mundo

La brasileña se hizo un hueco en Lesaka con las txingas. Imagen: Jon Landarretche
Se llama María Do Amparo Sousa Santos, aunque todo el mundo la conoce como ‘Xanta’, un apodo que la acompaña desde siempre. Sousa es la conocida brasileña de Lesaka que se retiró después de casi tres décadas compitiendo en herri kirolak. Un día, sin buscarlo, se convirtió en una de las primeras mujeres en practicar las txingas en Navarra.
De Bahía a Lesaka
Xanta nació en Salvador de Bahía, una de las ciudades más vibrantes y deportivas de Brasil.
"A los brasileños nos gusta mucho el deporte. La gente piensa que solo se juega a fútbol, y eso no es verdad", aclara.
Llegó a Lesaka después de casarse con un chico del pueblo. En aquella época existía una agencia de viajes local que organizaba rutas a Brasil, y fue en uno de esos intercambios donde se conocieron.
El aterrizaje en un pueblo navarro no fue sencillo. "Cuando llegué aquí era todo diferente, todo raro. La comida, las costumbres… Era como si tuviera un velo en la cara", recuerda. Pero, con el tiempo, ese velo se fue levantando. Hoy, a punto de cumplir 29 años en Lesaka, lo que antes le resultaba extraño se ha convertido en su hogar y en su comodidad.
Sokatira, aizkora y txingas
Lo primero que encontró fue la sokatira. Quería hacer deporte, no sabía cuál, y alguien le habló de un equipo que necesitaba gente. Entró, se enganchó y empezó a competir. Pero el deporte rural tiene una dinámica particular: cuando a un grupo le falta alguien para una exhibición o un campeonato, se llama a deportistas de otras modalidades. Así fue como un día su entrenador le propuso a ella y a otra compañera que probasen las txingas.
La modalidad de txingas, cuenta, nació como homenaje a los baserritarras que acarreaban cubos de leche de un punto a otro. "Una vez que se te cae, se acabó el campeonato. Lo gana quien aguante más", explica Xanta. Aceptó el reto y fue a Oronoz-Mugaire, donde Patxi Larretxea, un entrenador veterano, le enseñó los fundamentos. A partir de ahí no paró.
También se atrevió con el hacha, una de las disciplinas más conocidas de los herri kirolak. Ha competido en las tres modalidades, aunque reconoce que esta última es la que más le cuesta: "No es solo fuerza, es técnica. Y la técnica me mata". Con las txingas, en cambio, encontró su sitio. Junto a otras dos compañeras, fue una de las primeras mujeres en competir en esta modalidad en la zona.
"Nosotras arrancamos y se puede decir que abrimos camino. Luego empezaron muchas más chicas", cuenta con orgullo.
"Todos los campeonatos que salí, me los llevé"
Su palmarés habla por sí solo. En txingas ganó todos los campeonatos en los que participó mientras estuvo en activo, tanto en Navarra como en Euskadi. Llegó a marcar 55 plazas en una competición. En sokatira consiguió dos txapelas antes de tener que dejar la modalidad por incompatibilidad con sus horarios de trabajo en hostelería. Y en aizkora sumó unas cuantas más.
Su primera competición fue en la Plaza Trinidad de Donostia, en un campeonato de aizkora el día 15, una cita clásica del calendario. "Estaba acojonada. Veía a todos aquellos hombres vestidos de blanco y a todas aquellas mujeres, una más fuerte que otra. Y yo allí, pensando: me van a comer todas". Quedó tercera. Al año siguiente ya no hubo quien la parase.
“Creo que ya he hecho mi parte”
Xanta tiene 53 años y trabaja como cocinera. Compaginar los entrenamientos con los turnos de hostelería nunca fue fácil, pero durante años lo hizo sin dudarlo. "Si había una salida de campeonato, cambiaba el turno. Ese domingo iba a disfrutar. No me importaba trabajar al día siguiente. Lo que haces con amor no es sacrificio".
Sin embargo, la vida le impuso un freno. El año pasado perdió a su madre por un cáncer agresivo. "Mi vida cambió totalmente. No estaba bien mentalmente y lo dejé", cuenta. Ahora cuida de su padre y ha decidido retirarse de la competición oficial, aunque sigue federada y participa en exhibiciones.
"Creo que ya he hecho mi parte. He dejado las txingas en un tope. Si volviera, tendría que superarme a mí misma, y para eso necesitaría entrenar mucho más de lo que mi trabajo me permite".
Lejos de sentirse frustrada, lo dice con la tranquilidad de quien sabe que llegó hasta donde debía. "Conseguí trabajar y poder hacer deporte. Jugar con los dos es un logro".
Una familia en el deporte
Cuando Xanta recuerda los herri kirolak, se le ilumina la cara. No por los resultados que obtuvo, sino por todo lo que rodea a las competiciones. "Lo bonito es viajar de pueblo a pueblo. Es un ambiente precioso. Solo hay deporte, entre ellos no hay política, no hay vida de los demás. Te desconecta totalmente". Cada pueblo de Navarra, dice, tiene su manera de ser, y descubrirlos uno a uno también es parte del encanto.
Le fascina especialmente el carácter familiar de la sokatira, donde es habitual ver al padre tirando con el hijo, y ese espíritu de acogida que, según su experiencia, define a todo el deporte rural. "La gente piensa que los chicos son cerrados, pero no, son tímidos. Entras y te apoyan, te cuidan. A veces la apariencia engaña". Y las jornadas siempre terminan igual: "en una mesa con una buena chuleta. Empiezas a comer y terminas cenando".
"Yo creo que no se le da la suficiente visibilidad. Yo misma lo descubrí por casualidad, a través de una amiga. No sabía ni que existía", dice Xanta sobre el deporte rural. Y su mensaje para quienes aún no se han atrevido a probar es igual de claro: "Que dejen el miedo de lado e intenten. Todos somos capaces hasta que probemos lo contrario. Más vale arrepentirse de haberlo intentado que de no haberlo hecho".




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