LUIS MARI BENGOA: “MI LABOR FUE UNIR PUEBLOS, PERSONAS Y TRADICIONES”
- plazaraunav
- 14 abr
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Actualizado: 15 abr
El reconocido divulgador y periodista se ha dedicado durante más de 50 años a impulsar los herri kirolak

Luis Mari Bengoa junto con una piedra de 320 kilos. Imagen: cedida
Luis Mari Bengoa Ortiz de Zárate (Otxandio, 1945) es uno de los grandes nombres del desarrollo y la difusión de los herri kirolak. Su figura ha sido clave para entender la evolución del deporte rural vasco, tanto en su organización como en su reconocimiento social. A lo largo de más de medio siglo, Bengoa ha dedicado su vida a unir territorios, profesionalizar estructuras y mantener viva una tradición profundamente ligada al mundo rural.
De sus inicios al compromiso con el deporte rural
Los primeros pasos de Bengoa en este ámbito nacieron en su entorno más cercano. “En mi pueblo tenía uno en la cuadrilla, un levantador de piedra, que era Juan Olazabal, y con él fuimos organizando cosas en el pueblo y alrededores”, recuerda con nostalgia.
Entre 1960 y 1970, Bengoa empezó a trabajar en el Banco de Vizcaya, al mismo tiempo que ponía a prueba sus destrezas periodísticas colaborando en Radio Vitoria por las tardes. A su vez, realizaba crónicas deportivas en Álava. Sin embargo, pronto detectó una urgencia mayor.
“Había necesidad de unir a los pueblos. Los ganaderos de una zona u otra no se conocían entre ellos y eso no podía ser”
Ese objetivo marcaría toda su trayectoria: conectar comarcas, personas y tradiciones a través del deporte. “Mi labor fue integrarme con todos ellos para lograr su unión”, explica con orgullo.
Construir un deporte común
En plena época franquista, los herri kirolak eran conocidos como “juegos populares”. Sin embargo, en Navarra, Guipúzcoa y Vizcaya ya existía una rama de deporte rural que dependía de la federación atlética correspondiente. En 1976, Bengoa cambió su rumbo para formar parte de la Caja Rural de Vitoria. En su nuevo trabajo, el director sabía de primera mano que Bengoa conocía bien el territorio. “Me dieron carta blanca y aproveché para poner en marcha mi plan de unir las comarcas”, cuenta.
Su labor fue creciendo hasta convertirse en una figura clave dentro del entramado del deporte rural. Participó en la Federación Alavesa y, en 1979, impulsó la Confederación de Juegos y Fuerzas Vascas, un paso decisivo hacia la futura Federación Vasca de Herri Kirolak.
Pese a las divisiones administrativas entre territorios —Navarra, Euskadi e Iparralde—, Bengoa siempre defendió la unidad. “Aunque administrativamente podíamos estar divididos, en el trabajo y en seguir adelante no lo estábamos”, asegura. Los territorios se unieron por una misma causa y hacia una misma dirección. “Fue una labor conjunta, de buena armonía, dejando la política de un lado y trabajando por el deporte estrechamente”, afirma.
Uno de los elementos que mantuvo vivo a los herri kirolak durante décadas fue la tradición de las apuestas. “Era esa luz que necesitaba nuestro deporte”, certifica Bengoa. Desde principios del siglo XX, enfrentamientos entre leñadores y levantadores de distintos territorios generaron rivalidad y espectáculo.
“La apuesta encendió un poco esa vela que luego, en el año 1980, con la oficialización de nuestras federaciones, se hizo realidad”
Figuras, hitos y evolución
Bengoa ha sido testigo directo de la transformación técnica del deporte rural. Luis Mari destaca especialmente la figura de Iñaki Perurena, a quien considera una persona clave en el antes y el después de los herri kirolak. “Era un hombre que traía ideas nuevas. Cambió incluso la forma de agarrar la piedra para hacer más fácil la alzada y revolucionó el levantamiento de piedra”, explica. “A Iñaki Perurena los herri kirolak le deben muchísimo en varios aspectos: técnicos, culturales, deportivos y sociales”.
Perurena rompió récords que parecían inalcanzables, superando marcas históricas y convirtiéndose en un referente para los levantadores de piedra. Junto a él, nombres como Miguel Saralegui o Josetxo Urrutia han contribuido a engrandecer esta disciplina. “Apareció Iñaki con esos milagros de levantar 320 kilos y después Saralegi que llegó a los 329 kilos”, recuerda. Para Urrutia, “un hombre de 70 kilos con la hazaña de levantar el doble de su peso corporal” tan solo siente también admiración.
Como elemento a destacar en la evolución del deporte rural, Bengoa no puede evitar rememorar uno de los grandes mitos y hazañas históricas. “Recuerdo a Miguel Mindegia enfrentarse a Mendizabal en una prueba que no se olvidará jamás: cortar 52 kanaerdikos de 1'25cm y luego 6 de 3'10cm”, explica.
El camino hacia la profesionalización no estuvo exento de errores. “En un campeonato en Suecia, los equipos vascos de sokatira compitieron con albarcas y zapatillas frente a rivales equipados con material técnico. Hicimos el ridículo más tremendo”, admite. Sin embargo, aquella experiencia sirvió para aliarse con los rivales de tal manera que consiguieron modernizar equipamientos y métodos.
No todo el mundo veía con buenos ojos el desarrollo de estas actividades. Algunos escépticos miraban de reojo las prácticas de los herri kirolak.
“La gente decía que era una burrada lo que hacíamos cuando, en realidad, solo dábamos una preparación, técnica y calentamientos”
Asimismo, hay quienes consideraban peligrosa esta actividad. “Tenemos la suerte de ser de las federaciones que menos bajas han dado. En otros deportes hay una cantidad de lesiones y afortunadamente en el nuestro no hay”, afirma.
Presente, retos y legado
Durante años, la mujer estuvo apartada o marginada de estas prácticas. Sin embargo, con el paso del tiempo ha ido ganando espacio en el deporte rural. Bengoa destaca figuras como Maika Aristegi, Nerea Sorondo o Estefi Echeveste como símbolos de esta evolución. “Poco a poco, la mujer se está integrando, pero con sus pesos. No vamos a pretender que una mujer levante los 200 kilos de Perurena, pero dentro de ese nivel, de estas medidas, y enfrentándose unas a otras, se ve mucha calidad deportiva”, asegura.
Para Bengoa, los herri kirolak son mucho más que deporte: representan la esencia del mundo rural.
“Son un homenaje a quienes han trabajado la tierra”
El divulgador hace hincapié en el olvido del sector primario. “Me da mucha pena que estemos tan olvidados y yo le echo la culpa a la politización, no solamente de nuestro entorno, sino en general del mundo”, comenta. “Como no somos muchos votos, estamos olvidados. Se cree que somos aldeanos y una raza inferior, pero lo cierto es que el agricultor y el ganadero son ciudadanos de primera”. Aun así, insiste en la importancia de preservar estas tradiciones como parte del patrimonio cultural. “No se puede perder esta cultura. Hay que mantener y luchar por nuestra lengua, por nuestro entorno social, por la razón de ser de defender nuestro patrimonio y nuestras costumbres”, añade.

Luis Mari Bengoa junto a Iker Vicente, campeón navarro de aizkora. Imagen: cedida
Otro de los grandes retos ha sido la visibilidad mediática. Bengoa lamenta la falta de atención por parte de los medios de comunicación, en especial por parte de la prensa. “Solamente nos han atendido cuando ha habido un accidente. Siempre ha primado la desgracia para dar a conocer nuestro deporte”, explica. Tras años de trabajo y esfuerzo, Bengoa no ve la visibilidad merecida a estas actividades. “La labor que hemos puesto, la labor por zonas, implicar a equipos de pueblos, crear esa rivalidad y esas ligas…, con eso hay materia suficiente para hacerlo bien”, asegura.
De cara al futuro, Bengoa apuesta por reforzar las bases: escuelas, canteras y competiciones.
“Si no potenciamos a los jóvenes, no tendremos a nadie el día de mañana”
En los últimos años, el incremento de participantes en estas actividades es, para él, una señal positiva. “Necesitamos escuelas, técnicos, pero también se necesita apoyo. Por mucha escuela que tengas, una escuela de aizkolaris es carísima. Tronco que se corta en el entrenamiento, tronco que tiene que ir al fuego, no es como una pelota o como una piedra misma, que la tienes al día siguiente. Es quizás el más caro de todos los deportes”, explica.
También apuesta por la posibilidad de modernizar los herri kirolak. “Que los jueces vayan uniformados, los deportistas también y cuidar el entorno en el que se compita. Que no aparezcan, con todo respeto, unas vallas amarillas que hacen que se vea pobre”, manifiesta.
Tras una vida ligada a los herri kirolak, Bengoa vio el momento de retirarse en marzo del año pasado. “Ahora mismo lo veo con mucha pena, incluso teniendo correa para haber seguido un par de años más. Pero llega un momento en que dices, márchate antes de que te echen”, declara. Tras su jubilación, sigue vinculado al deporte rural, asesorando y asistiendo a competiciones, y su balance es claro.
“A nivel personal, me ha dado mucha satisfacción. Soy millonario en amistades”
El periodista no ha estado solo durante su trayectoria. El apoyo familiar ha sido clave. “Si no tienes, por ejemplo en mi caso, una mujer que también vea bien lo que haces, que comprenda lo que haces y por qué, yo creo que sería muy difícil sacar adelante un proyecto así. En mi casa siempre han confiado en mí”, asegura.
En sus 50 años dedicados al herri kirolak, el periodista se queda con un momento de su trayectoria. “Ver 24 deportistas en una plaza, con público, escuchar el aplauso en cada movimiento, ver esa rivalidad que quizás había antiguamente en deportistas, que se ha convertido ahora en verdaderas amistades, te enorgullece porque hemos creado un deporte de confrontación deportiva, pero no de confrontación personal”, concluye orgulloso.




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