MAIKA IRAIZOZ: “HAY QUE DEVOLVER AL DEPORTE LO QUE TE HA DADO”
- plazaraunav
- 16 abr
- 4 min de lectura
Hace tres años solo había dos mujeres harrijasotzailes en el club de Sakana. Hoy, gracias a su impulso, son una docena

Maika Iraizoz levantando una piedra de 62 kilos. Imagen: cedida
Maika Iraizoz llegó al harrijasotze por la puerta de atrás. Durante años fue entrenadora de una extraescolar en Ultzama, donde mezclaban rugby y herri kirolak para los niños. Lo enseñaba sin practicarlo. Su pasión era el rugby, el campo donde encadenó ascensos, campeonatos de España y una década entera vestida con la misma camiseta. Cuando colgó las botas hace tres años, fue una mudanza más que una despedida del deporte.
Del rugby a la plaza
"Vengo de un deporte de equipo y este es completamente individual", comenta. "Aunque compitas con un club, eres tú la que está sola frente a todo el mundo". El rugby le dejó de herencia unos nervios domesticados y la costumbre de pisar campos llenos, pero la técnica del harrijasotze era otro idioma. "Una cosa es que yo se lo pueda explicar a un niño y otra es practicarlo, los tecnicismos tienes que incorporarlos al cuerpo para hacerlo bien", explica.
Su debut en la plaza lo recuerda describiéndolo con miedo. "Llevaba muy poco tiempo entrenando, me animaron a levantar una piedra que apenas había tocado", recuerda. Salió temblando y acabó con un sentimiento muy distinto. "Cuando la plaza te ve sufrir, te anima más, y eso me dio un subidón. Acabé pensando: «quiero hacer esto otra vez»", cuenta emocionada.
La piedra que no existía
Cuando empezó a entrenar en la escuela de Sakana, en Irurtzun, eran dos mujeres. Solo dos. Y no había material para ellas. "Los pesos que manejan los hombres no tienen nada que ver con los nuestros. Nos dejaban una piedra que llevaban como para los niños. Estuvimos más de un año entrenando con lo que teníamos", manifiesta.
La solución no llegó del catálogo de un proveedor, sino de un compañero del club. "Comprar una piedra es muy caro sin saber si vas a valer o no. Uno de los chicos dijo: «yo lo intento». Hizo un cilindro de unos cincuenta kilos relleno de cemento y forrado con un plástico para que no resbalara. Gracias a él pudimos probar", cuenta. Una piedra fabricada en casa, casi artesanal, que abrió un hueco donde no lo había.
A esa primera piedra le siguieron otras, ya compradas. Y a las piedras le siguieron las mujeres. "Hace tres años éramos dos. Ahora estaremos diez o doce. Pasar de dos a doce en año y medio es muchísimo", expresa.
Tres modalidades en una semana
San Fermín de 2025 fue su gran salto. En pocos días se subió a cuatro disciplinas distintas en la Plaza de los Fueros: tronza, harrijasotze, yunque y txingas. Subcampeona navarra de yunque con 86 alzadas, subcampeona de txingas con doce plazas y cuarta en piedra. Una versatilidad rara en un deporte donde la mayoría se especializa.
"El año pasado fui la única deportista, hombres incluidos, que se apuntó a tres modalidades en San Fermín", declara. Porque dedicar tiempo a estos deportes es toda una decisión. "Si la gente no se apunta, este deporte se va a morir en unos años. Yo ya tengo familia, ya no busco ganarlo todo, pero sí puedo contribuir a que no muera”, añade.
Maika contra Maika
En el yunque, su rival es una leyenda: Maika Ariztegi, la harrijasotzaile de Ituren con quince txapelas en su haber. Iraizoz se cruzó con ella por primera vez hace dos veranos, cuando se apuntó a un campeonato con una hija de dos meses para evitar que Ariztegi se quedara sola en la plaza.
"A Maika la conozco de vista. Vi que es una mujer que quiere que este deporte gane. Da igual que sea la mejor del mundo, lo da todo por la plaza", dice. Para Iraizoz, perder contra ella es un privilegio. "Es mejor enfrentarse a Messi que a un equipo de tercera. Siempre te lo pone más difícil y siempre saca lo mejor de ti", reconoce.
El cuerpo que aprende, el entrenador que reaprende
Volver a competir después de ser madre es lo que más orgullo le da. Y es también donde más fricciones aparecen. No con el reglamento, sino con un deporte que durante décadas no tuvo que pensar en cuerpos como el suyo.
"Cuando empecé a entrenar me hacía daño en el pecho. Mi entrenador me dijo: «el problema es que yo no sé cómo aliviarte porque no hemos tenido chicas»", recuerda. Así, Maika entendió que había que reestructurar el levantamiento.
Cada adaptación que negocia con su cuerpo y con su entrenador queda escrita para la siguiente. Cuando ve llegar a una chica nueva al club, se acerca para aconsejarla. "Le digo: la faja, te dirán que en la cadera; pero si tienes cadera ancha, súbela a la cintura. Entre nosotras nos vamos enseñando", reconoce.
Devolver lo que la plaza da
Esa actitud, dice, es lo único que le interesa. "Hay que devolverle al deporte lo que te ha dado. Si viene una chica y está incómoda, se va. Yo no le voy a esconder mis trucos porque me vaya a ganar. Es ley de vida. Yo me hago mayor, vendrá una más joven, y luego esa también se hará mayor. Pero tienen que venir, y les tengo que enseñar", expresa.
En la plaza, Iraizoz da el trescientos por cien. Fuera de ella, enseña, adapta técnicas y suma campeonatos para que el día que su hija pregunte qué hacía su madre los domingos por la mañana, la respuesta no sea solo una marca, sino una puerta abierta.




Comentarios