IKER GOLDARAZENA: “EL PENTATLÓN NO ERA SOLO UN SUEÑO”
- plazaraunav
- 15 abr
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Actualizado: 20 abr
De futbolista a tronzador, hasta participante de la modalidad más exigente de los herri kirolak

Iker Goldarazena levantando la piedra de 100 kilos. Imagen: cedida
Tres años atrás, en el gimnasio de La Sakana, Iker Goldarazena Pabollet (33) alzó por primera vez una palma al aire mientras con la otra nivelaba en su hombro una piedra de 100 kilos. Sin embargo, su mente no se detuvo en ese instante de equilibrio, sino que se adelantó al futuro y a todo lo que ese logro conllevaba. “Si acabo de superar la prueba más difícil, ¿qué me detiene de hacer el pentatlón?”, se preguntó.
Desde pequeño, Iker recuerda ser un deportista inquieto y apegado al mundo de los deportes rurales. En su localidad, Berriozar, estuvo probando un año el “Interescolar”, los herri kirolak para menores. También recuerda la cercanía con su abuelo y su tío, quienes han practicado tronza toda la vida. Sin embargo, el parón que le supuso el no poder continuar en el “Interescolar” a partir de los 16 años lo llevó a dedicarse a otros deportes, como el fútbol y el boxeo, continuando así hasta los 27 años. “Es verdad que no perdí contacto con los deportes rurales, siempre me acercaba algún verano a entrenar”, comenta.
“Había un runrún en mi cabeza de decir: «Joder, me gustaría, cuando deje el boxeo, empezar un poco con los herri kirolak»”
Después de la pandemia, cuando el número de miembros del club de herri kirolak de Berriozar decayó con creces, Iker y unos 8 amigos decidieron darle vida de nuevo. “Berriozar es conocido por su equipo de sokatira, pero nosotros queríamos probar otros deportes. Así que nos juntamos unos cuantos con ganas y empezamos a levantar piedra, cortar con la tronza, levantamiento de yunque y demás. Volvió a resurgir el equipo poco a poco”, afirma. Iker se notó con fuerzas de ir probando varios deportes hasta que se decantó por la tronza, como su abuelo y tío.
No fue hasta una tarde de 2021 cuando la sierra se le quedaría corta, justo cuando unos amigos del equipo quedaron para ver la final de pentatlón vasco. “Quedamos para verla porque se clasificó un conocido de aquí, de Berriozar. Yo sabía que eran cinco pruebas, pero tampoco sabía cuáles eran ni sabía muy bien de qué trataba, así que cuando la vi me cautivó”, admite.
“Vi la dureza, vi la diferencia entre pruebas, de cómo pasabas de hacer esfuerzos con la piedra, cortar con el hacha y luego acabar corriendo. La verdad, me enamoró su sufrimiento y entrega”
El runrún de su cabeza volvía a estar despierto. Iker acababa de marcar su sueño. Es por ello que se dejó llevar cuando le propusieron unirse a la Escuela de Harrijasotzailes de Sakana, cuando le animaron a levantar primero 63 kilos con su amigo Óscar, cuando continuó a pesar de que eso lo sacaba del mundo de la madera en el que tan cómodo estaba. Lo hizo porque en todo ese proceso se decía a sí mismo: “Si consigo levantar la piedra de 100 kilos, esto no será solo un sueño, será un objetivo”. Y la levantó.

Iker Goldarazena haciendo giza-proba. Imagen: cedida
A partir de entonces, sus entrenamientos se especializaron en conseguir enfrentar un pentatlón, con todos los desafíos que eso conlleva: seguir practicando con la piedra de 100 kilos, pedir ayuda a su tío para que lo guíe con la aizkora, ir al gimnasio para adaptarse al agarre de las txingas, correr, comer más y más limpio, y pasar de 72 a 80 kilos. Los dos únicos retos que le quedaban eran el arrastre de piedra y aprender algún truco de alguien que ya hubiese competido en el pentatloi.
“En ambos casos tuve mucha suerte, conté con dos campeones de lo suyo que me ayudaron mucho: Joseba Sánchez y Julen Kañamares”
Gracias a que Sánchez, campeón de Euskadi en arrastre de piedra, se pasó un día por la escuela de harrijasotzailes, Iker pudo pedirle ayuda con la técnica para levantar la piedra (con el golpe vivo). Así, pudo saber que no era lo mismo tirar en unas plazas que en otras y que era mucho peor cuando llovía. Kañamares fue otra casualidad que agradece Iker, ya que fue a él a quien vieron en la final que le inspiró a soñar con un pentatlón y a quien siempre tuvo de referente. “La verdad es que es un lujo. Gracias a él he podido recortar muchos segundo en cosas que ni me planteaba”, cuenta.
Primer y próximo pentatlón
Hasta ahora solo ha participado en dos competiciones: los de Segunda y Primera División de 2024. Después de ellos descubrió que, sin duda, las pruebas más exigentes eran la bola, el arrastre y el hacha, pero no había que descuidar las txingas (porque cuesta adaptarse al agarre) ni los kilómetros corridos (porque se va mucho tiempo). “Puedes ver, en vídeos de otras competiciones, las caras de sufrimiento cuando se detienen unos segundos en la sección de las txingas. En ese momento lo único que estás pensando es que eso ya está hecho, que lo peor ya ha pasado. Eso es lo que te da la fuerza para seguir”, comenta.
¿Qué pensó cuando terminó? “Que no podía más con mi alma, que estaba muerto. Aunque no me gusta tirarme, no pude hacer otra cosa que tumbarme en el suelo y respirar”, recuerda entre risas. Sin embargo, asegura que valió completamente la pena. “Para eso hemos entrenado. Para venir aquí, sufrir y darlo todo. Ya estoy esperando la próxima, el 18 de julio en Villabona”, avisa.




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