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PATRICIA MARTÍN: “LA MENTALIDAD QUE TENGO ES VOLVER CUANDO PUEDA”

  • Foto del escritor: plazaraunav
    plazaraunav
  • 9 abr
  • 4 min de lectura

Actualizado: 20 abr

La cirujana y harrijasotzaile ha sabido encontrar el equilibrio entre sus dos pasiones: la medicina y la piedra


Patricia (izda.) y su compañera en una cirugía. Imagen: Ibai Urrutia


Patricia Martín Playá (40) vive entre bisturís y piedras. Porque, aunque como cirujana plástica reconstructiva el quirófano sea casi su segunda casa, también lo es la plaza, vestida con un chaleco y las manos cubiertas de resina. Sin embargo, la harrijasotzaile no siempre supo que este deporte se convertiría en una parte fundamental de su vida. 


“No sabía que existía. Directamente, ni puñetera idea. Pero yo me apunto a un bombardeo. A mí me proponen cualquier cosa y digo que sí. Me han convencido hasta para hacer un triatlón, que se me dio como el culo”, cuenta entre risas. Después de jugar durante años a voleibol y practicar actualmente crossfit, el harrijasotze llegó como por arte del destino. “En un principio, levantar piedra no me llamaba la atención porque para mí era un deporte individual, y yo venía de deporte en equipo. Mi marido lo que hizo fue engañar a otra amiga mía para que fuésemos juntas, y ahí empezamos a conocer a más gente. Se crea comunidad, que es lo que a mí, al final, me engancha del deporte”, expresa. 



Encontrar el equilibrio


Dicen que el pulso de un cirujano es el mejor, y resulta que para aguantar el peso de una piedra también ha de ser firme. Patricia lo sabe, por eso consigue, a pesar de su energía e impulsividad, mantener un balance entre trabajo y competición


“He sido central de voleibol hasta casi los 30 y me he hecho esguinces en los dedos temporada sí y temporada también. Eso me afectaba más al quirófano de lo que me afecta la piedra. Esta, en lo que sí que me afecta, es en el desgaste. Si tengo una competición importante o un entrenamiento fuerte, sí que es verdad que el pulso te falla un poco más”, explica. 


Sin embargo, aunque para ella “el equilibrio no es fácil” y la idea de ganar a veces resulte atractiva, cuando el cuerpo avisa de que toca frenar, no es fácil escucharle. 


“El cuerpo te lo dice de alguna manera y la cabeza no, la cabeza va por libre. Me gusta competir, me gusta mucho, y es difícil decir «venga, hoy me tengo que portar bien»” 

Así que Patricia cuenta hasta cinco, no para tranquilizarse, sino para controlar los tiempos, pues el pulso debe ser firme, pero la cabeza estar fría. “Mentalmente a mí me viene bien y me centra mucho el contar. Pero del uno al cinco. Si cuento más, la cabeza no me responde igual”, dice. 


Sin embargo, a veces pasa que una puede perder la cuenta. O, por lo menos, creer que la ha perdido. “Me pasó en la final en Euskadi el año pasado. Yo sabía que, con la bola, que es la última piedra que hacemos, suelo hacer 28-29 alzadas, es mi marca entrenando. Entonces yo iba contando. Tenía que hacer una buena marca para poder ganar”, recuerda. Uno, dos, tres, cuatro, cinco. Uno, dos, tres, cuatro, ¡alto! “Yo pensé: «me cago en la leche, he hecho 26». Así que miré y pregunté qué había pasado”, narra. Consiguió llegar a las 31 alzadas. 


“Me llevaron a más del ritmo y yo no era consciente de ello. Me había metido 5 alzadas más”


Vía de escape


Podría decirse que Patricia tiene dos vocaciones, dos pasiones, dos hogares. Pero en cada una debe diferenciar cómo comportarse. “Si estoy en un momento en el que el paciente está sangrando y tengo que parar ese sangrado, o cualquier complicación que pueda haber, estoy única y exclusivamente a lo que estoy haciendo. Estoy con el que me está ayudando, ya sea el residente u otro compañero adjunto, pero desaparece lo de alrededor”, explica firmemente.


Martín disfrutando durante una competición. Imagen: Ibai Urrutia


Lo curioso, y a la vez bonito, es la misma intensidad que dedica al harrijasotze. “Cuando estoy levantando en la plaza, mi marido me anima y grita que es una pasada. Pues te juro que no le oigo”, cuenta riendo. 


“Estoy levantando y yo estoy escuchando al árbitro, que es de quien tengo que estar pendiente. Hago como un pequeño núcleo, un círculo cerrado”.

Así, el levantamiento de piedras y el quirófano no son solo una vía de escape, sino “una zona de confort para entrar en otra”.



Sin fecha


Hace tan solo unas semanas, a Patricia la operaron de un cáncer de mama. Todo ha ido bien, tanto que ahora, reconoce divertida, está aburrida. Aunque “obligada”, como dice, a hacer un parón debido a los tratamientos, desde el primer día que reposó lo tuvo claro: es solo algo temporal. 


“Una de las primeras cosas que hice con el parón fue llamar a la hija de Perurena, a Maite, que es la que nos hace los chalecos, y le dije: «Oye Maite, me ha pasado esto, voy a tener que estar unos meses parada, dime cómo tengo que guardar los chalecos para volver cuando pueda»”, afirma.


“Esa es la mentalidad que tengo ahora, volver cuando pueda. ¿Hasta cuándo? Pues no lo sé”

Porque renunciar a una de sus pasiones no entra en sus planes. Ni ahora, ni… para qué ponerle fecha

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