NEREA SORONDO: “TENGO UNA TRAYECTORIA PARA RETIRARME TRANQUILA”
- plazaraunav
- 29 mar
- 5 min de lectura
Actualizado: 20 abr
Con ocho txapelas, la beratarra se ha consolidado en la élite de la aizkora tras años de duro trabajo

Nerea Sorondo preparada para su entrenamiento. Imagen: propia
Nerea Sorondo Maritorena (39 años), natural de Bera, es aizkolari y cuenta con ocho txapelas, cuatro del Campeonato de Euskal Herria y las restantes del de Navarra. Su historia en la aizkora comenzó casi por casualidad en 2008. En su cuadrilla estaba Hasier Larretxea, hijo del histórico aizkolari Donato Larretxea y, siguiendo su ejemplo, Sorondo y sus amigas decidieron probar con la sierra.
“Nunca me había dedicado al deporte, siempre me había visto como una mujer grande, como que no era mi camino”, recuerda.
Sin embargo, aquel primer contacto cambió su percepción. “Descubrí que era fuerte y que podía hacer deporte, no cualquiera, pero sí el que me gustaba”, cuenta emocionada.
De los inicios al éxito
Los inicios no fueron fáciles. “Era fuerte genéticamente porque me venía de casa, pero no tenía resistencia en el deporte”, explica. La beratarra, criada en una familia ganadera, ya estaba acostumbrada al trabajo duro, aunque reconoce que este deporte “lleva al cuerpo al límite”. Por eso, cuando Sorondo empezó a entrenar, no estuvo sola en su proceso de aprendizaje. Patxi Larretxea, ex aizkolari y levantador de piedra, fue y sigue siendo su entrenador particular.

Patxi Larretxea y Nerea Sorondo. Imagen: propia
“Él nos ha enseñado todo: las sierras, las txingas, la piedra y el hacha. Me guía en todo”
Tras varios años de aprendizaje, en 2011 se vio preparada para competir. En su debut se quedaron a solo cuatro segundos de las campeonas, lo que las llevó a pensar que, quizá, sí eran lo suficientemente buenas. A partir de entonces, los resultados llegaron rápido: ganaron el campeonato de Navarra al segundo año y, al tercero, también el de Euskadi.
Entre todos sus logros, hay uno especial: el Campeonato de Euskadi del año pasado. “No estaba entre las favoritas, ni siquiera yo me veía ahí”. Aunque, a pesar de enfrentarse a una final llena de dudas, tras tres años siendo subcampeona logró su cuarta txapela. Sin embargo, no todo ha sido un camino fácil. Uno de los momentos más duros de la deportista fue su derrota en el primer campeonato de Euskadi ante Nerea Arruti. “Es una gran aizkolari. Fue una gran competición, pero fallé. Y cuando fallas, gana la otra persona. Entonces da rabia que hayas trabajado tanto para no sacar lo tuyo”, se lamenta.

Sorondo se hizo con la txapela en 2025. Imagen: propia
“En la eliminatoria pasé de suerte y las demás me habían sacado bastante margen”, recuerda. Sin embargo, no todo ha sido un camino fácil. Uno de los momentos más duros de la deportista fue su derrota en el primer campeonato de Euskadi ante Nerea Arruti. “Es una gran aizkolari. Fue una gran competición pero fallé. Y cuando fallas, gana la otra persona. Entonces da rabia que hayas trabajado tanto para no sacar lo tuyo”, afirma.
Entrenamiento y exigencia
Sorondo compagina la aizkora con su trabajo en la Mancomunidad de Malerreka, donde atiende a personas con necesidades sociales. Tras su jornada laboral, se desplaza a Oronoz-Mugaire para entrenar con Patxi. Su preparación es exigente.
“Intento entrenar tres veces a la semana en hacha, y otras tres hago gimnasio o me voy al monte”
Sin embargo, el tiempo de preparación de los materiales dura más que su entrenamiento. “Preparar la leña, cortar y recoger cuesta tres o cuatro horas. Pero el entrenamiento casi nunca pasa de media hora”, asegura.
El lugar de entrenamiento de Patxi cuenta con materiales para practicar distintas modalidades: txingas, levantamiento de piedra, sierra y aizkora, entre otros. Sorondo se ha atrevido con la mayoría, aunque tiene claro que lo suyo es la aizkora. “En txingas soy malísima, tengo poco agarre. La piedra me gusta, pero me castiga la espalda. La sierra es lo mío, me encanta”, afirma con una sonrisa.
Para Sorondo, una de las mayores complicaciones en este deporte es la incertidumbre. “Aquí todo cambia. Cada tronco es diferente. Cada uno tiene su nudo, su dureza, su humedad y siempre hay que tener eso en cuenta”, dice. Pero lo que más disfruta, más allá de la competición, son las exhibiciones. “Las exhibiciones de verano, que son en plan cachondeo, las disfruto mucho. El objetivo es conseguir las txapelas, pero los piques entre el equipo y ese cachondeo da el espectáculo”, cuenta entre risas.
Salud mental, cambios y el papel de la mujer
Patxi no es solo una figura clave en la preparación física de Nerea, sino que para la aizkolari es un gran apoyo. “Hace el papel de mi entrenador físico y de psicólogo también. Me conoce más de lo que yo misma me conozco”, confiesa. Sorondo trabaja su tranquilidad y autoestima con la naturaleza, la meditación o con fuertes entrenamientos, pues reconoce ser muy nerviosa. Por eso, en las competiciones lo que más le afecta no es el público, sino el entorno. “Me influyen más mis compañeras, ver cómo están y notar sus nervios", afirma.
Conforme han pasado los años, Sorondo ha visto un cambio radical en el deporte rural. “Está bien que tenga más visibilidad para asegurar el relevo generacional, pero no es como antes”, reflexiona. Ahora la competitividad ha aumentado. “Hace unos años mi entrenador escondía las mejores hachas, ahora las publicamos”, reconoce.
El papel de la mujer en este deporte también ha evolucionado, aunque Nerea no lo ha tenido fácil.
“Antes sufría mucho hasta que vi cómo a Donato, uno de los mejores aizkolaris de la historia, le estaban criticando porque había subido unos kilos. Si le criticaban a él, cómo no me iban a criticar a mí”
Sorondo piensa que, vayas donde vayas, habrá alguien que te mire mal o haga comentarios. “Normalicé que, en el momento que sales a la plaza, estás expuesta a todo eso, y eso dice más de ellos que de mí”, comenta. También señala la exigencia añadida. “Parece que tienes que demostrar. Y por ser mujer gorda o fuerte aún más”, explica.
No obstante, Nerea siempre ha contado con el apoyo de su familia. “Me impulsan siempre a ir y disfrutar. Me acompañan y me dan apoyo”, asegura. Sin embargo, al comienzo de su carrera les costó mostrarse contentos con su decisión. “Yo probaba de todo y les parecía que me iba a hacer daño, pero cuando vieron que me gustaba y lo disfrutaba, me apoyaron incondicionalmente”, explica.
Futuro y legado
Aunque la de Bera ha conseguido la mayoría de sus objetivos, todavía le queda alguno más por cumplir. “Tengo entre ceja y ceja un campeonato en Sunbilla. He participado todas las veces y no he ganado nunca, siempre he quedado segunda”, se queja entre risas. Por eso, Nerea volverá a intentarlo en este campeonato el 9 de agosto. Sin embargo, la aizkolari, con este posible triunfo o sin él, está conforme con sus logros. “Tengo una trayectoria con la que ya me puedo retirar tranquila”, asegura.
Otra cuenta pendiente que tiene es hacer una apuesta. “Mi sueño es echar una. En la trayectoria de toda aizkolari tiene que haber una apuesta. Ahora no me siento muy motivada, pero sí me gustaría”, asegura. Por el momento queda Sorondo para un buen rato, pues aún no ve una edad para retirarse.
“Haré todos los campeonatos que pueda. Todavía estoy bien físicamente, me cuesta cada vez más entrenar porque la exigencia es superior, pero en el hacha me veo toda la vida”, confiesa.
Sin embargo, aunque llegue el día de su retiro, el hacha siempre irá con ella. “Cuando deje de competir, seguiré haciendo exhibiciones y, cuando deje de hacer exhibiciones, seguiré enseñando a la gente”, afirma.

El hacha favorita de Nerea Sorondo. Imagen: propia
Sorondo tiene claro cómo le gustaría que la recordarán las futuras generaciones: “Como una mujer que abrió las puertas del herri kirolak femenino. Y que recuerden también lo que se puede llegar a lograr con un físico no normativo en el deporte”, expresa. Así pues, anima a todo aquel que quiera practicar deporte rural a no dejar de intentarlo, pues ”esto no se aprende de un día para otro”, concluye.




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