MAITE PERURENA ZUBITUR: “UN LEVANTADOR ES ELEGANCIA”
- plazaraunav
- 24 mar
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Actualizado: 7 abr
La txalekogilea fundó su tienda, 301K, con un claro objetivo: vestirse de levantadora de piedras sin serlo

Maite Perurena en su taller. Imagen: propia
Quien escuche a Maite Perurena Zubitur (43) hablar de su historia con el levantamiento de piedra se embelesa. Es tal su admiración hacia el deporte que sus ojos no pueden evitar brillar cada vez que lo nombra. Por eso, con tan solo una aguja y sin saber casi enhebrarla, en 2020 decidió darle vida a su tienda, 301K, convirtiéndose en la txalekogilea (confeccionadora de chalecos o equipación para levantamiento de piedras) de referencia. Sin embargo, ser hija de uno de los mejores harrijasotzailes de la historia no es tarea fácil.
“Para mí el levantamiento de piedra es más que un deporte. Para mí la imagen de un levantador es elegancia, es tradición, es, sobre todo, familia, en mi caso”, expresa.
Pues crecer entre piedras te hace entenderlas y, para Maite, no hay nada más importante que darles el reconocimiento que merecen. “Hay mucha disciplina, mucha dedicación, mucho sacrificio. Yo he querido salir de eso, de la imagen de forzudo, inculto, del tema rural y del contexto político que se piensa”, destaca. Porque si hay algo que tiene claro es que el levantamiento de piedra “no es folclore, es deporte”.
“La hija de…”
Ser hija de un gran harrijasotzaile ya es mucha presión, pero ser la hija mayor de uno lo es aún más. A sus 43 años, Maite no imagina una vida sin la piedra cerca y, sin embargo, nunca ha querido levantar una profesionalmente.
“Yo siempre que iba a intentar hacer algo era: «A ver qué hace la hija de Iñaki». Entonces siempre me he desconectado”, admite.
La curiosidad por ver si la mayor de los Perurena era igual de fuerte que su padre la llevó a alejarse de este deporte. “Siempre he pensado que no soy fuerte porque no he querido ni siquiera probar. Y, de hecho, tampoco se me ha invitado porque era chica”, reconoce. En un ámbito que ha sido tan dominado por hombres, que una mujer se dedicase a levantar piedras era inimaginable. Pero, aunque Maite lamenta no haberse atrevido a probar, asegura que su hija tendrá la oportunidad de hacerlo. “Mi niña, cuando cumplió tres años, primer chaleco. Cinco años, segundo chaleco. Y ahora le vamos a hacer por su cumpleaños uno con el apellido del padre y el mío. Invitación, por si quiere. A mí no me dieron esa opción”, dice emocionada.

Chaleco confeccionado por Maite. Imagen: propia
Harriak eta hariak, piedras e hilos
301K surge por un profundo deseo de vestirse de levantadora de piedras sin serlo. “Yo quiero vestirme de harrijasotzaile por el orgullo que me supone eso. Veo por el mundo referencias a cosas en la ropa y yo también quiero. Aquí se han hecho cosas increíbles y una prenda habla mucho”, comenta.
El proceso no ha sido fácil, ya que ser "la única tienda de equipación para levantamiento de piedras del mundo" supone demasiado trabajo para una sola persona. Sin embargo, eso no frenó a Maite que, junto a su máquina de coser, ha conseguido que grandes deportistas vistan sus chalecos.
“Lo mío ha rozado casi la obsesión. No solo con la confección, sino ir a las plazas, verles cómo funciona tal piedra, aprender su normativa… Pero yo con mis recursos precarios he hecho lo que buenamente he podido. Lo que tenía muy claro era que había que actualizar tejidos, porque los que se utilizan de algodón son súper buenos, pero se rompen enseguida”, explica.
Además del chaleco, están el pantalón y la faja, elementos fundamentales para un buen levantamiento. Pues, según Maite, “no hay que entender la equipación como protección, hay que entenderla como herramienta. El chaleco sujeta la piedra y también la arrastra”.
La única pena que le queda es no saber de primera mano cómo es la sensación de ponerse un chaleco. “Ahora soy txaleko gilea, confeccionadora de chalecos, y me encantaría saber muy bien desde dentro, como deportista, para mejorar el equipamiento, porque siempre tengo que preguntar”, admite. No obstante, después de seis años confeccionando, Maite se despide orgullosa de la tienda que le ha permitido llevar al mundo su pasión por este deporte. “No sabes cuánto me duele dejarlo. 301K es como mi hijo. He trabajado tanto... ¡Buah, hemos conseguido que la marca sea reconocida!”.




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