GARBIÑE LÓPEZ DE URALDE: "AHORA EN BADAIOTZ TIRAMOS NUEVE"
- plazaraunav
- 11 mar
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Actualizado: 7 abr
La alavesa acumula 30 años en herri kirolak, ocho mundiales de sokatira y tres txapelas de Euskal Herria

En la derecha Garbiñe López de Uralde. Imagen: cedida
En el porche de su casa hay más de noventa trofeos. No todos son suyos, comparte espacio con los de su pareja, Jon Lapazaran, pero el número dice bastante sobre el tipo de deportista que es Garbiñe López de Uralde. Alavesa, 46 años, integrante del club Badaiotz y presidenta del club Barrundia, lleva tres décadas compitiendo en herri kirolak sin que el cuerpo le haya pedido parar todavía. El pasado febrero recibió la medalla de bronce en los Gure Kirola Sariak, la gala anual del deporte alavés. Un reconocimiento institucional que llega después de una temporada que ella misma califica de “excepcional”.
Todo empezó a los 16 años, casi por casualidad. Garbiñe y su hermana querían practicar deporte en el equipo de su zona, Burgundia, pero aquel club no tenía sección femenina. Fueron a preguntar a la Federación Alavesa de Herri Kirolak qué club más cercano sí la tenía. La respuesta fue Badaiotz.
"Fuimos a probar y, efectivamente, se combina hacer deporte con pasártelo muy bien, con tener una cuadrilla", recuerda.
Eso las enganchó. Treinta años después, Garbiñe sigue allí.
La temporada de las tres txapelas
El año pasado fue distinto. Garbiñe lleva una década practicando trontza, levantamiento de fardo y sokatira de manera simultánea, pero nunca había coincidido que los calendarios y su estado de forma se alinearan al mismo tiempo en las tres. En 2024 ocurrió. En junio se puso la txapela de Euskal Herria en trontza mixta, en agosto la de levantamiento de fardo y en octubre la de trontza femenino. Tres títulos del campeonato nacional en la misma temporada, una hazaña que ningún deportista, ni masculino ni femenino, había logrado antes de manera individual.
"Somos el primer equipo occidental que ganó a Taiwán"
Si hay una medida de lo que representa Badaiotz a nivel global, esa es Taiwán. La sokatira es en la isla asiática lo que aquí el fútbol: el segundo deporte con más fichas federadas del país, con 600.000 practicantes. Sus equipos son profesionales, cuentan con preparación específica, medios económicos y dedicación exclusiva. Badaiotz entrena en los ratos libres, compagina la soga con el trabajo y la familia y, aun así, en 2012 se convirtió en el primer equipo occidental en ganarles.
"Para nosotros aquello fue un logro terrible. Somos como si el equipo de Alavés le ganara al Barça"
En 2020, en el Mundial de Irlanda, lo repitieron. "Entre medias habíamos perdido doce finales contra ellas. Ganamos el oro dos veces y los dos fueron contra Taiwán”.
El año que todo se torció
El Mundial de Irlanda en 2020 fue el octavo título de Badaiotz. También fue, en cierta manera, el principio de uno de los períodos más duros de la historia del club. "Estábamos en un momento de euforia imposible de controlar. Lo primero que nos pasó fue que vino la pandemia y nos encerraron. No pudimos celebrarlo". Y, en ese mismo período, a una de sus tiradoras, Marta Varela, le detectaron un cáncer. Seis meses después falleció.
"Cuando tuvimos que volver a competir y se veía su mochila en nuestro cuarto de mochilas, era imposible. Ver su hueco, ver dónde estaba ella, nadie quería tirar ahí... fue durísimo". Marta, dice, "lo era todo para Badaiotz".
Perderla tan joven, en el momento de mayor euforia del equipo, fue un golpe que tardaron tiempo en asimilar. Hoy, cuando le preguntan por ella, Garbiñe lo tiene claro: "Ahora en Badaiotz tiramos nueve. Ocho en la soga y ella, desde donde esté, echándonos una mano y guiándonos”.
La soga no se tira de brazos
La sokatira, explica, es mucho más técnica de lo que parece desde fuera. "Todo el mundo entiende que es coger una cuerda y tirar. Cuando entras te das cuenta de que está todo muy estudiado: qué postura tienes que poner, dónde tiene que estar la soga, qué fuerza tienes que hacer con las piernas...”. Sorprendentemente, insiste, la soga no se tira de brazos: "la potencia de piernas es la que se aplica”.
Garbiñe es educadora social. Trabaja acompañando a jóvenes en dificultad. Y ha sido esa formación la que le ha dado una perspectiva muy clara sobre qué valorar y qué ignorar. Cuando pierde una competición y alguien del público le dice que tiene mucho que mejorar, lo escucha y pasa.
"Quien puede juzgarme realmente es mi entrenador, mi pareja, mi familia. La gente de la plaza, cuando ganas, eres la reina de Saba. Cuando pierdes, te dicen que no has entrenado. No me puedo creer grande cuando me aplauden, ni venirme abajo porque un día me digan que lo he hecho fatal”.
El Mundial que no pudo ser
Este año Badaiotz no viajará a Taipéi para el Mundial de marzo. En el último momento surgieron lesiones importantes en tiradoras clave y el club decidió no ir. "Es un viaje muy costoso, una infraestructura muy grande para no poder competir como nos gustaría”. Lo dice con pena, pero también con claridad. "El año que viene es en Italia. Nuestra pista ya va hacia allá, a ver si conseguimos protegernos de las lesiones y poder competir como nos gustaría”.
En cuanto a sus objetivos personales, Garbiñe tiene uno que todavía no ha logrado: ganar el oro con la selección de Euskadi. Ha conseguido la plata, pero ese título colectivo sigue pendiente. "Es mi logro supremo por conseguir”. Mientras tanto, en la temporada de verano intentará defender las tres txapelas de Euskal Herria. "Será muy difícil que lo consiga. Pero pelearé por ello".
Lo que tiene claro es que, de momento, el cuerpo no se rinde. "Físicamente me aguanta y me siento muy a gusto. Mientras me respete en la competición creo que seguiré, a no ser que algún día me encuentre desmotivada. A día de hoy sigo muy motivada, sobre todo por echarle un cable a la gente nueva que empieza". Y añade, con media sonrisa: "si no, me tengo que volver a poner las tres txapelas yo misma”.




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